Luna de miel

Psicología de amor

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Pasada la euforia de la boda se fueron de Luna de Miel a Francia. Fue un viaje idílico que duró una semana y que les hizo enamorarse aún más si cabía. Visitaron el famoso Pont de l'Archevêché donde encadenaron su amor al puente y arrojaron la llave al río Sena; pasearon por la noche, cogidos de la mano, por los preciosos y bien iluminados Campos Elíseos; visitaron la romántica ciudad de Versalles con sus deslumbrantes jardines; escalaron a lo más alto de la Torre Eiffel y un sinfín de actividades románticas. Pero lo que más les gustó fue entregarse su amor y dejar rienda suelta a la pasión en la habitación más alta de un hotel con unas vistas espectaculares que permitía ver gran parte de París.
 
Fue un viaje de ensueño, pero pronto tocó regresar a la realidad. Isis volvió a sus conferencias de ayuda a la mujer y a seguir de cerca la distribución de su novela, "Psicología de amor", que seguía en auge y los números de ventas seguían ascendiendo, por su parte Aiden, retomó de nuevo el trabajo en el hospital. Todo les iba realmente de maravilla; tenían amigos y familiares que les querían, un buen trabajo que les permitía vivir cómodamente, realizar sus viajes, pagar sus caprichos... tenían salud, se amaban con locura, no podían pedir nada más.
 
Cuatro años después de la boda, llegó ese algo más que creían que no podían pedir e Isis quedó felizmente embarazada de su marido, algo que llevaban un año intentando, después de que Robert y Margaret hubieran tenido su segundo hijo. Además, Isis había montado una pequeña editorial para ayudar a jóvenes promesas y había sacado un segundo y tercer libro, estaba claro que había encontrado su profesión en la vida; Aiden seguía con su trabajo como médico, aunque había ascendido a coordinador. Por otro lado la consulta de Robert había crecido tanto que abrió otras tres más por la ciudad y Cris junto a su ya marido Jayson, habían montado una boutique con su firma (“JC”), la cual empezaba a despegar con muy buen pie.
 
Era una noche de verano cuando Isis y su marido se encontraban tranquilamente paseando, cogidos de la mano, por la calle, de camino a casa tras una buena velada de cine y cena. Cuando de repente una conocida figura apareció ante ellos, era Steeve. Ninguno se había acordado de que ya habían pasado cinco años desde que entró en prisión y, que como acaban de comprobar, ya había salido, pero él estaba ahí para recordárselos. Su expresión parecía cambiada, no era la de la persona que recordaba ni en sus peores facetas, tenía los ojos inyectados en sangre, la mandíbula apretada, le latía la sien con violencia y tenía el ceño fruncido.
¡Plas, plas, plas! Empezó a aplaudir él con una sonrisa malévola.
 
—¡Hombre! ¡La parejita perfecta y la puta de mi ex! —Dijo con sorna.
 
Aiden apartó hacia atrás a Isis con cuidado, en gesto protector y habló amenazante:
 
—¡Steeve! ¿Ya te han soltado? Mejor no te busques más problemas y déjanos en paz.
 
—¡Huy qué miedo! ¿Me vas a pegar? ¿Más problemas? ¡Imposible! Llevo cinco años encerrado, no encontraré trabajo, nadie quiere a un exconvicto y menos después de como me describe esa zorra en su libro, —dijo señalando a Isis.
 
—¡Steeve, o te vas ya o llamo a la policía! —Gritó Isis, sin temblarle la voz pese a los nervios.
Sin mediar más palabra Steeve se abalanzó sobre ella, por suerte Aiden se pudo interponer entre ellos llevándose la embestida, lo que lo hizo tropezar y caer, pero se levantó rápidamente y empezó una fuerte pelea. Entonces, mientras Isis llamaba a la policía, Steeve sacó una pistola en medio del forcejeo. Justo cuando le fue a disparar a bocajarro a Aiden, este le desvió la mano y la bala le paso sin rozarle. 
 
—¡Oiga! ¿Señora? ¿Se encuentra usted bien? ¿Qué ha sido ese ruido? ¿Oiga? No se preocupe enseguida vamos para allí. —Le dijo el policía a Isis por el móvil. 
 
Justo en ese momento se oyó un fuerte golpe, era Isis, desplomada en el suelo, la bala le había alcanzado justo en el estómago y había caído presa del dolor.
 
Ambos detuvieron la pelea y se quedaron un momento en shock, pero pronto, fuera de sus casillas, Aiden arremetió contra Steeve hasta dejarlo tendido en el suelo, no sabía si muerto o simplemente inconsciente. Fue entonces cuando, recuperando un poco la compostura, fue a atender a su mujer con lágrimas en los ojos. Por suerte la policía y las ambulancias no tardaron mucho más en hacer acto de presencia.
 
Apartaron a Aiden, quien no estaba en su mejor momento, de su mujer, la subieron a la camilla y la metieron en la ambulancia, lo mismo que hicieron con el psicópata de Steeve.
 
 
Aiden se subió a la de Isis para acompañarla, pero pese a sus conocimientos de medicina y su status en el hospital, no le dejaron intervenir, no estaba en condiciones. Además, tendría que ser atendido también por sus heridas, sobre todo la de sus manos.

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