Isis

Psicología de amor

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Ya en el hospital, por un lado Isis fue atendida de urgencias, ya que no solo corría peligro la vida de su bebé, sino la suya propia. Los médicos iban de un lado a otro, conectándola a numerosos aparatos. Mientras le intervenían, pasaron unas horas de verdadera locura. Por otro lado, en otra sala, atendían a Steeve, que solo había perdido el conocimiento por un mal golpe y ya había empezado a recuperarlo, respondía bien a las pruebas, así que se pondría bien pronto, con un poco de suerte, para pasar el resto de su vida en prisión.
 
Aiden por su parte se encontraba bien, con las manos magulladas y vendadas pero sin más complicaciones, su verdadera y única preocupación eran su esposa y su hijo. Había entrado, tras ser curado, a la instancia donde se encontraba Isis, a observar cómo iba todo y, ya más calmado, dirigir un poco la intervención, pues era su función en el hospital. Estaba muy nervioso pese a no aparentarlo en esos momentos pero tenía que ser fuerte si quería salvarlos.
 
Lograron extraer la bala con éxito, esta había atravesado la parte externa del estómago, por lo que no había dañado al feto, pero sí había perforado la placenta. Así que, la única manera de salvar al bebé era provocar un parto prematuro por cesárea, aún así, el riesgo era demasiado grande para ambos, aún faltaba un mes de gestación e Isis estaba realmente débil.
 
Entonces le comentaron los riesgos a Isis, que estaba semiconsciente y esta, sabiendo que era la única posibilidad, por pequeña que fuera de salvar la vida a su hijo, accedió. En ese momento Aiden se acercó a la camilla, le agarró de la mano y le susurró al oído: 
—Tranquila cariño, lo superaremos juntos, eres fuerte y estaré en todo momento a tu lado, confía en mí como siempre has hecho, te amo.
 
Se miraron a los ojos y dieron su aprobación para que empezaran con la intervención. Fue más complicada de lo esperado por todo lo acontecido, les demoró bastante tiempo, más de lo previsto e Isis perdió más sangre de lo que pensaban.
 
Finalmente lograron sacar con vida al bebé y ella, en su último aliento, esbozó la más feliz de las sonrisas al verlo, cuando de repente... ¡Piiiiiiiiii! el cardiograma empezó a pitar lineal, los signos vitales de Isis se desvanecieron y quedó inmóvil en la camilla. El cirujano, rápidamente cogió los electroestimuladores y le propinó varias descargas pero no reaccionaba, había fallecido, a la una de la madrugada del veinte de junio de dos mil diecisiete.
Aiden se levantó corriendo con los ojos anegados en lágrimas sin dar crédito a la visión que tenía ante sí. Corrió y cogió los aparatos apartando a los demás de en medio, elevó la potencia de la carga, los situó en el pecho de ella y le dio la descarga, esta reaccionó con un fuerte espasmo hacia arriba por la fuerte tensión eléctrica, repitió la escena dos veces más hasta que lo apartaron de su mujer. Fue entonces cuando perdió los nervios y rompió verdaderamente a llorar, todos empezaron a disculparse y darle el sentido pésame.
 
¡Piii, pi, pi, pii! De pronto el monitor del cardiograma empezó a reaccionar, Aiden se dio la vuelta para mirarlo, entre sorprendido y esperanzado, Isis había regresado milagrosamente a la vida. Suspiró aliviado y sus ansias de matar a Steeve se relajaron, porque por su mente se le había pasado ir a su habitación a darle la misma suerte que había corrido Isis. Pero con la salvación milagrosa solo pensaba en una cosa, estar al lado de su mujer e hijo.
 
Pasado un año, todo había vuelto a la normalidad, si es que se podía después de todo lo sucedido. Isis estaba totalmente recuperada y había retomado sus labores, Aiden por su parte había logrado un nuevo ascenso en el hospital. Y Steeve pasaría su vida entre rejas, ya no tendrían que volver a preocuparse más por él.
 
La cuadrilla al completo se encontraba reunida para festejar el primer cumpleaños del pequeño Alec, el niño con más suerte del mundo, no solo por haber sobrevivido a todo lo sucedido, sino porque contaba con una familia y un grupo de amigos que lo adoraban. Ahora sí, por fin la vida le dio el merecido descanso y felicidad que Isis necesitaba. Todo iba sobre ruedas con su familia, el trabajo, amigos, salud y con su precioso hijo, era la recompensa perfecta por su sufrida vida.
Y no solo le iba bien a ella sino a todos los integrantes de la cuadrilla. Por fin el negocio de Cris y Jayson terminó de despegar y la marca era ya bastante reconocida. Robert y Margaret, eran plenamente felices con sus dos hijos y, por supuesto, con el cariñoso y viejo Golfo. Los padres de Isis, estaban encantados con la nueva vida de su hija y , cómo no, con su marido, que estaban más unidos que nunca.
 
El futuro por supuesto les será incierto, pero sin duda como ya han demostrado en muchas ocasiones, uniendo el poder de la familia y los amigos lograrán superar todos los obstáculos que la vida les depare. Y en sus memorias siempre quedaría marcado un nombre y ejemplo a seguir, Isis, una mujer luchadora allá donde las haya, una mujer que no se rinde, una mujer coraje.
 
 
 
 

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